Adaptarse o morir

Muchos hemos visto en redes sociales la historia del portero del prostíbulo que es una historia basada en un caso real que tiene algunas lecciones que me permito analizar.

Resumiendo la historia, un hombre que era portero es sacado de su zona de confort, identifica que tiene cierta habilidad y en base eso desarrolla la visión para empezar un negocio. De igual manera identifica una necesidad en el entorno en el que vive y desarrolla alternativas “Pivotea” para generar más ganancias.

Esta historia pudo convertirse en una con un final más común de no haber sido por la visión del hombre que al estar en una situación complicada pudo ver en sí mismo la capacidad de hacer algo. En la historia podemos ver que no tiene que ser lo más sofisticado o innovador, ya que cualquier negocio sale de algo que otras personas no saben hacer, no pueden hacer o no quieren hacer. Este principio básico de negocios le brindó a este hombre un sin número de posibilidades cuando al parecer no tenía muchas.

Cualquier negocio sale de algo que otras personas no saben hacer, no pueden hacer o no quieren hacer

Si bien el personaje de la historia es sacado de su zona de confort por circunstancias externas, cada uno de nosotros puede tomar esta decisión, la cual es el inicio de todo cambio y puede hacer que nuestro negocio se adapte a las nuevas circunstancias que no se detienen.

Adaptarse o morir

En muchas ocasiones el dueño del taller está conforme con cómo funciona el negocio sin buscar una mejora continua hasta que el entorno se lo exige. Para este entonces, la inversión que se requiere para sacar el negocio adelante es mucho más grande que si se hubiera hecho de manera continua.

Por otro lado, el considerar que tenemos que hacer grandes inversiones para mejorar nuestro negocio es una idea errónea que inicialmente se tiene en los talleres con los cuales colaboramos, sin embargo, nuestro trabajo es analizar el estado actual y qué podemos hacer con ello, de ahí partimos. Todo negocio tiene sus limitantes, nuestro trabajo es identificar las oportunidades, centrar el negocio en sus fortalezas y hacerlo mejorar hasta que genere lo suficiente para capacitarte en otras ramas si así le conviene al negocio.

Salir de nuestra zona de confort y tomar la decisión de adaptarnos al entorno, sea cual sea, es una garantía de sobrevivencia.

  • Identifica tus fortalezas
  • Identifica con qué recursos cuentas
  • Usa lo que tienes
  • Elabora un plan
  • Comprométete a ejecutarlo
  • Mejora continuamente

Espero que esta historia les deje algo y el análisis los ayude a ver las oportunidades que pueden tomar en este momento. En Reevo podemos ayudarte a elaborar una estrategia que te ayude a adaptarte a los nuevos retos. Contáctanos.

Les dejo la historia completa:


Había un hombre que trabajaba de portero de un prostíbulo. En esa época era el trabajo peor pagado de todo el pueblo. Este hombre trabajaba día y noche largas horas para poder alimentarse. Estuvo casi 20 años en ese mismo lugar, hasta que un día cambiaron de jefe. El nuevo dueño, que poseía nuevas ambiciones, le propuso al portero que anotara en un papel cada día el número de personas que entraban, la edad de cada uno y las posibles quejas o sugerencias que tuvieran, siempre con el fin de mejorar. El portero, al recibir esta nueva tarea, le respondió:

– Señor, yo estaría encantado de poder hacerlo, pero yo soy analfabeto y no sé leer ni escribir.

A lo que el responsable del negocio, le respondió sin miramientos:

– Lo siento mucho, pero estás despedido. No nos podemos permitir tener a alguien que no sepa leer ni escribir, requerimos de mejoras y, como comprenderás, esto no lo podemos permitir. Lo sentimos mucho, que tengas suerte. – Y así, sin más, lo despidieron.

Este buen hombre, tantos años trabajando, haciendo siempre lo mismo y para la misma empresa, se paró a pensar, y se le vino el mundo encima. Totalmente hundido se dijo a sí mismo:

– ¿Dónde voy ahora yo sin saber leer ni escribir y haciendo siempre lo mismo?

Al poco tiempo, cierto día recordó que cuando estaba en el prostíbulo, de vez en cuando arreglaba alguna cama que se había roto, alguna puerta que estaba descolgada y que se iba apañando medianamente, aunque no fuera su trabajo principal. Pensó que quizá podría dedicarse transitoriamente a esto, arreglar cosas a la gente del pueblo, hasta que encontrara un trabajo. Siguió dándole vueltas a sus posibilidades y vio que necesitaba hacer algunas compras porque no disponía de todas las herramientas.

Continuó pensando y planificando, y se acordó que en el pueblo no había ferretería, con lo que tenía que andar largos kilómetros hasta llegar a la ferretería más cercana, situada en el vecino pueblo, que era algo más grande y disponía de más comercios. Se dirigió camino arriba hacia la ferretería y, una vez allí, explicó su situación al dependiente, el cual tomó buena nota de los planes del antiguo portero.

Poco a poco, al igual que en la ferretería, la gente del pueblo se iba enterando de que este señor iba andando a la ferretería de la localidad vecina. Se daba el caso de que muchos de los vecinos no tenían tiempo para ir al pueblo de al lado, donde había más comercios y negocios, a otros se les hacía pesado o no siempre tenían ganas. Y entonces algunos vecinos y conocidos le empezaron a proponer algún encargo para comprar alguna herramienta o incluso otros artículos en otros establecimientos. A cambio ellos le pagarían una propina por cada viaje que él hiciera.

Algunos meses después, el antiguo portero ya no sólo arreglaba aquello que los vecinos le pedían, sino que también recogía herramientas y otros artículos por encargo, ganando bastante dinero extra gracias a estos largos paseos. El boca a boca hizo que este hombre al cabo de unos cinco años creara la primera ferretería en su pueblo. Después de todo su trabajo y esfuerzo, se especializó en las reparaciones y el mantenimiento y su negocio empezó a prosperar a una velocidad de vértigo. Años más tarde su negocio se convirtió en el más importante del pequeño pueblo, atrayendo incluso a personas de otros pueblos cercanos.

El antiguo portero había pasado ya a ser conocido y llamado como el ferretero del pueblo. El hombre había incluso creado empleo y disponía de un empleado hacía algún tiempo, lo que le permitía moverse con libertad y acudir también a las casas de los vecinos a hacerles reparaciones. Ya no debía pasar todo el día en el taller y disponía de más tiempo.

Fue entonces, un día cualquiera, cuando el ferretero decidió donar parte del dinero que había acumulado para que se construyera una escuela infantil en su pueblo. Un acto de enorme generosidad, ante el cual el alcalde acudió a visitarle para agradecerle enormemente lo que había hecho, en nombre de todo el pueblo.

Construida la escuela, el alcalde programó un sencillo acto donde propuso al noble ferretero que firmara en el libro de honores, el cual se exhibiría en una vitrina en la escuela como reconocimiento de su labor, para que además de dar constancia de lo que había hecho, pudiera dejar su huella con unas palabras, que todos pudieran leer por siempre.

El hombre, se quedó parado, pensando por un momento, y le dijo:

– Agradezco enormemente que quiera que escriba unas palabras, pero yo no sé escribir… ¡soy analfabeto!

El alcalde, perplejo, le respondió con incredulidad:

– No me puedo creer lo que está diciendo. ¡Me pregunto qué sería usted si hubiera sabido leer y escribir con lo que ha liado en el pueblo con sus acciones!

El hombre, sin dudarlo por un momento, humildemente le respondió:

-Eso sí se lo puedo decir yo. Si hubiera sabido leer y escribir, sería portero de un prostíbulo.


¿Qué otra lección podemos tomar de esta historia? ¡Contáctenos!.

Reevo

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